A veces has pensado algo que no es verdad, pero actúas como si lo fuera… y terminas convirtiéndolo en realidad
Robert K. Merton (1948)
«Una falsa definición de una situación o de una persona influye sobre el comportamiento y contribuye a que esa premisa se haga realidad»
En 1948, el sociólogo Robert K. Merton denominó este fenómeno tan frecuente «profecía autocumplida«. En esencia, consiste en que una creencia (aunque sea falsa) influye en nuestro comportamiento de tal manera que acaba haciendo realidad lo que temíamos o esperábamos.
Un ejemplo real y reciente de profecía autocumplida fue el colapso de Silicon Valley Bank en marzo de 2023. Saltó la noticia de que el banco necesitaba recaudar capital adicional, lo que generó pánico entre sus clientes (muchos de ellos empresas tecnológicas con grandes depósitos). Aunque el banco no estaba en quiebra, en solo 24 horas los clientes retiraron 42.000 millones de dólares. La percepción de riesgo, amplificada por la difusión masiva en redes sociales, desencadenó una salida de fondos tan brutal que el banco no pudo resistir y colapsó en pocos días. Lo que empezó como un rumor o una sospecha se convirtió en realidad por la propia reacción en cadena.
¿Cómo influye la profecía autocumplida en una separación o un divorcio?
Cuando una pareja se separa, las emociones están a flor de piel y las ideas que cada uno tiene del otro pueden condicionar gravemente las negociaciones. Los pensamientos negativos que albergas sobre tu expareja pueden llevarte a actuar de forma que, precisamente, provoques el comportamiento que más temías.
Por ejemplo: Sofía y Miguel están negociando la custodia de su hija de 8 años. Sofía está convencida de que Miguel solo quiere la custodia para fastidiarla, por ser ella la que ha decidido romper el matrimonio. En realidad, Miguel solo busca una custodia compartida. Sin embargo, movida por esa creencia, Sofía empieza a limitar las visitas de la niña con excusas poco razonables e incluso predispone a la pequeña para que rechace ver a su padre. Miguel, profundamente herido, reacciona endureciendo su postura: deja de negociar de forma amistosa y termina presentando una demanda de medidas previas solicitando la custodia exclusiva, alegando que Sofía es desordenada, tiene nuevas prioridades, sale por las noches y no establece rutinas adecuadas para la niña. Lo que Sofía temía (un Miguel agresivo y litigante) se hizo realidad… precisamente por cómo actuó ella ante su propia sospecha.
Este ciclo de pensamientos negativos que se convierten en realidad se puede evitar o romper con unas premisas sencillas.
Toma nota:
- Haz una lista de tus temores, recelos y pensamientos negativos hacia tu expareja. Apunta también de dónde vienen (¿fue tu hermana quién te lo metió en la cabeza, un amigo, tu propia interpretación?). Escribe los hechos concretos que te han llevado a pensar así y razona si son objetivos o si estás proyectando comentarios ajenos o un pensamiento subjetivo y sesgado.
- No te centres en negativizar al otro. Evita juzgar desde la suspicacia ni asumir que tu expareja actúa solo para hacerte la vida imposible. La mayoría de las veces todo es mucho más sencillo de lo que parece.
- Busca puntos en común. Pon el foco en tus hijos, en su beneficio y en su interés superior. Abre el diálogo sin ideas preconcebidas ni prejuicios. Reducir la tensión evita que el otro se ponga a la defensiva.
- Expresa lo que quieres sin atacar. No intentes quedar por encima ni convertir la negociación en un concurso de egos. Eso solo es torpe, infantil y, sobre todo, desastroso.
Un divorcio no tiene por qué convertirse en una batalla campal. La forma en que abordes el proceso (con mentalidad positiva, constructiva y realista) puede marcar una diferencia enorme en el resultado, no solo para ti, sino también para tu expareja y, especialmente, para vuestros hijos.
Romper el ciclo de la profecía autocumplida empieza con la decisión de cuestionar tus propias creencias antes de que ellas cuestionen (y arruinen) el futuro de todos.