Hay un día que decides que tu matrimonio o tu vida de pareja ya no funciona… O quizás han sido una sucesión de días… Pero llega un momento en el que amanece y sientes que está ahí, es el día. Tal vez estés en tu cocina sosteniendo una taza de café… Puede que hayas pasado la noche en vela y hayas visto el amanecer desde tu ventana… El mundo se despereza y los ruidos cotidianos hoy resuenan de una forma distinta, parece injusto que todo continúe inmutable mientras tu vida se desmorona tal y como la conoces. Aún dudas si la decisión de divorciarte es la correcta. Quizás no quieras descubrir qué hay al otro lado. O al revés, te sientes impaciente por cerrar un capítulo y abrir otro nuevo… Las palabras divorcio o separación pueden sonar a derrota o a triunfo… ¿Quién sabe?
En cualquier caso, tomar la decisión de divorciarte es como pararte al borde de un precipicio. El viento te empuja, el suelo tiembla, sientes el vértigo del abismo a tus pies. No puedes evitar el duelo por lo que fue y la incertidumbre de lo que vendrá. Hoy tienes la certeza que no puedes quedarte ahí para siempre.
¿Y ahora qué? Separarte o divorciarte no es solo firmar un papel y cerrar la puerta, es un proceso que mezcla las emociones propias con el bienestar de los hijos, las cuestiones económicas, etc. Estás en una montaña rusa emocional, y subes y bajas por pendientes abruptas. Hay días donde todo mejora y otros terriblemente grises. No desesperes, ni pierdas el control, pues el resentimiento nos vuelve vulnerables. No se pueden tomar decisiones justas guiados por emociones negativas. Vas a prepararte para un viaje de transición que marcará aspectos muy importantes de tu futuro: ¿Cómo vas a resolver el asunto de la vivienda? ¿Cómo se plantea la custodia de los hijos? ¿Qué pasa con los bienes comunes?
No te pierdas en las emociones y aclara el lado práctico de la situación:
Piensa en los niños
¿Estarán mejor bajo una custodia compartida o exclusiva? ¿Vais a vivir lejos o cerca? ¿Vuestros horarios laborales o profesión os permiten encargaros ambos de los niños o no? ¿Qué apoyos familiares tenéis? ¿Cuáles son los gastos reales de tus hijos en cómputo mensual? ¿Qué formación habéis pensado para ellos, podéis permitiros una academia de inglés, clases deportivas, actividades lúdicas? Repasa tu día a día y piensa en horarios, visitas, tiempo de vacaciones, puentes, días de cumpleaños y determinadas fiestas.
Piensa en la situación económica actual y la futura
¿Cuáles son vuestros ingresos? ¿Están equilibrados? ¿Qué bienes compartís? ¿Qué cantidad de hipoteca queda pendiente de amortizar? ¿Qué otras deudas afrontáis? ¿Qué gastos visualizas en el futuro? Nada va a ser igual a partir de ahora y debes comprender que las economías separadas se debilitan siempre.
Piensa en el destino de la vivienda familiar
¿La titularidad es compartida? ¿Alguno necesitaría usarla por un tiempo? ¿Preferís un uso alterno compartido? ¿Habéis pensado en extinguir el condominio? ¿Sería mejor venderla a un tercero?
¿Necesitas una guía?
En este blog encontrarás los pasos a seguir para un proceso de mutuo acuerdo y te ofreceré las razones por las que debes preferirlo, así como la actitud con la que debes afrontarlo. También encontrarás los pasos del proceso contencioso, si el acuerdo ha sido o es imposible, por la complejidad de la situación e intereses definitivamente contrapuestos.