A veces, mis clientes se sorprenden cuando defino el convenio regulador como ese documento especial para la construcción de un futuro de equilibrio y armonía. «¿Cómo vamos a construir para el futuro si hemos destruido nuestra relación y nuestros proyectos?», replican, y lo cierto es que no les falta razón.
Pero en un divorcio hay que pensar más allá, porque toda destrucción implica por fuerzas un «reseteo» para seguir avanzando. Tras el divorcio se inicia nueva etapa. Hay que recomenzar en otro sentido y, en este punto, los implicados pueden optar por establecer las bases para edificar algo sólido, ventajoso y útil para sus hijos y sus futuras relaciones, a pesar de todo.
Los cimientos del nuevo edificio serán el respeto y la cesión mutuas. Solo así podrán obtener un beneficio equitativo y satisfactorio, ajustado a la realidad de sus circunstancias, sin que pesen sensaciones de vencedor/vencido o ganancia/pérdida. En caso contrario, se verán abocados a un proceso contencioso, largo y emocionalmente agotador en el que un juez dispondrá de sus vidas, aun a costa de perder lo que no quisieron ceder en una negociación.
Si te quedas con la primera opción, la vía constructiva del acuerdo, comienza a pensar en la hoja de ruta que mejor se adaptará al bienestar de tus hijos. ¿Quieren convivir con sus padres de forma equitativa? ¿Cuál debe ser su atención económica en proporción de vuestros respectivos ingresos? ¿Qué va a ocurrir con la casa familiar? ¿Es más justo para ambos venderla o eso causaría dificultades económicas perniciosas para uno? ¿La liquidación de gananciales puede determinar el acuerdo?
El objetivo final es que tus hijos crezcan felices, seguros y equilibrados a pesar de la separación. Además, aprenderán un modelo respetuoso de resolución de conflictos y lo aplicarán en el futuro como algo natural.
Un proceso de mutuo acuerdo o mediación refleja madurez, pues implica que las partes se aparten del orgullo y el egoísmo que suele presidir esta etapa, para concentrarse en el interés superior de sus hijos. Es un paso hacia el futuro que requiere comprensión y generosidad por parte de ambos
Te presento a Mario y Cris. Una pareja que comenzó su andadura con la ilusión de un futuro común, pero cuyo matrimonio no ha resultado finalmente idílico. Sin embargo, han sabido afrontar su divorcio como una oportunidad de crecimiento personal y, lejos de contemplar la ruptura como un fracaso, la han aceptado teniendo presente el bienestar de sus hijos. Por eso, ninguno ha actuado con egoísmo ni rencor hacia el otro.
En el camino elegido han logrado los siguientes beneficios:
Comunicaciones abiertas
Durante las negociaciones, Mario y Cris han mantenido un diálogo abierto. Cada uno ha expresado sus preocupaciones y deseos. Ambos se han sentido escuchados, valorados y respetados. Han tenido presente en todo momento el interés superior y el beneficio de sus hijos. Han discutido mil veces, por supuesto, pero finalmente han sabido limar las diferencias.
Control sobre el resultado
Mario y Cris han podido tomar directamente las decisiones sobre sus propios asuntos en lugar de dejarlos en manos de un juez. Han regulado las medidas que les afectarán a ellos mismos de forma pormenorizada, detallando aspectos que no hubieran obtenido de la autoridad judicial. De esta manera, han eliminado lagunas y la posibilidad de distintas interpretaciones en el futuro. Saben cómo celebrarán las comuniones de sus hijos, han decidido cómo sufragarán sus viajes de estudios y hasta el carnet de conducir, previendo aspectos del futuro para evitar conflictos a largo plazo, incluso qué pasará si alguno de los dos sufre un traslado laboral a otra ciudad. Además, han introducido mecanismos correctores económicos en función de una ampliación o minoración de sus ingresos en el futuro.
Disminución del estrés emocional
La estabilidad emocional para sus hijos no ha tenido precio. Los niños continuarán manteniendo relaciones sanas y cercanas con su padre y su madre, sin verse atrapados en disputas ni conflictos de lealtades.
Modelo de comportamiento saludable
Al resolver su conflicto de manera colaborativa, Mario y Cris han sido y serán un modelo de respeto esencial para sus hijos. Los niños aprenderán una resolución de conflictos respetuosa para el futuro, naturalizando el acuerdo como resolución ideal de los conflictos.
Rápida resolución
Los acuerdos se han alcanzado en menor tiempo que un litigio, lo que ha permitido a cada uno seguir su propio camino más rápido evitando los costes emocionales propios de procesos mas largos.
Costes reducidos
Finalmente, al evitar un juicio contencioso, han reducido significativamente su factura de abogado y procurador.
En resumen, la actuación de Mario y Cris es un ejemplo inspirador de cómo enfrentar una separación de manera positiva y constructiva. Al priorizar la comunicación y el bienestar de sus hijos, han logrado transformar una situación difícil en un acuerdo que beneficia a todos, dentro de un ambiente respetuoso que les permitirá seguir adelante sin resentimientos.
No es sencillo y nadie dice que lo sea, pero con voluntad y ayuda para una mejor gestión emocional de los conflictos, pueden conseguirse resultados que compensarán con el paso del tiempo.
Abogada de familia en Granada