El impacto emocional en tu hijo
Para un niño o un adolescente ir al despacho de un juez es una experiencia estresante.
Muchos menores sienten que están traicionando a su padre o a su madre y se resisten a emitir una opinión, o no quieren ser responsables de ninguna decisión ni mostrar sus deseos por simples motivos de lealtad. Otros, pueden sentir un poder que no les corresponde, como creer que “mandan” sobre dónde vive cada uno, qué horarios tiene el otro progenitor o si convivirá o no con una nueva pareja.
Antes de llegar al juzgado: la responsabilidad de los padres
Por tanto, el primer ejercicio de responsabilidad de los padres no es “pedir la exploración de la autoridad judicial” sino hablar con sus hijos con honestidad y respeto. Porque una paternidad responsable implica explicar y conocer los deseos de sus hijos. Si no te sientes capaz de afrontarlo solo/a, te recomiendo consultar con un psicólogo para ayudarte a encontrar la mejor forma de abordar el tema según tu situación familiar.
No obstante, aquí te dejo una breve pauta que puedes seguir:
- Explica a tu hijo la situación sin rodeos ni engaños. No le digas que nada cambiará, pues su pequeño mundo va a resultar alterado y la convivencia ya nunca será igual.
- Pregúntale, sin presionar, como quiere que sea la convivencia y qué aspectos le preocupan.
- Comprueba si comprende qué es una custodia monoparental y qué es una custodia compartida: los cambios de casa, de rutinas, vacaciones. El niño debe hacerse una buena representación de lo que implica cada tipo de convivencia, los traslados, etc.
- Asegúrate de que entiende bien los lapsos de tiempo: cuántos días estaría con su padre y con su madre, cuánto tardaría en ver al otro, como serán los fines de semana, puentes y como se desarrollaran los veranos.
- Escúchale sin rebatir ni corregirle, y evita frases del tipo “si dices esto el juez te hará caso” o “no le cuentes al juez que…”.
- Jamás lo hagas sentir responsable de tus propios sentimientos, de la situación generada, de la economía… A veces, los padres lloran delante de los hijos, se lamentan de su situación, dicen que la economía no les llegará a final de mes, implicando a sus hijos en la decisión de declararse a favor de una custodia monoparental para que el progenitor ´victima reciba una pensión alimenticia a cargo del otro, etc.
No instrumentalizar al menor es un acto de justicia básica; no convertir su miedo, su afecto o su lealtad en una prueba más dentro del procedimiento. Si los dos progenitores son capaces de escuchar a su hijo antes, muchas veces se puede evitar una exploración innecesaria o, al menos, llegar a ella con el niño informado, acompañado emocionalmente y sin sentirse utilizado.
Cuándo tiene sentido pedir la exploración (y cuándo no)
Tiene sentido pedirla cuando:
- El menor (especialmente si tiene 12 o más años) expresa una preferencia clara y mantenida en el tiempo que no está siendo respetada.
- Hay cambios importantes (nuevo domicilio, nueva ciudad, cambio de colegio, nuevas parejas) relevantes para su bienestar.
- Se aprecian indicios de conflicto intenso o de que uno de los progenitores está dificultando la relación con el otro, y es necesario saber cómo lo está viviendo el hijo.
Conviene evitarla cuando:
- Lo que se busca es “un testigo” contra el otro progenitor para reforzar el propio relato.
- El menor está en un momento emocional muy frágil y hay alternativas (mediación familiar, intervención de equipo psicosocial, acuerdos flexibles entre los padres) que pueden resolver el conflicto sin someterle a más presión.
Pedir exploración, y a la inversa, evitarla, debería ser la consecuencia de haber puesto al niño en el centro, pues de ninguna manera debe ser la forma de ganar un pleito. Antes de pensar en “qué nos conviene procesalmente”, vale la pena hacerse una pregunta sencilla: ¿Ayuda realmente a mi hijo… o es una estrategia contra el otro progenitor?