Para negociar de forma efectiva un convenio regulador, en una separación o divorcio, suele resultar útil establecer una doble capa de prioridades:
I. Las cuestiones principales (o nucleares): son las que realmente condicionan todo lo demás. Esencialmente son:
- La guarda y custodia de los hijos (compartida, exclusiva o monoparental).
- El uso y destino de la vivienda familiar (atribución, venta, etc.).
- El reparto de los gastos de los menores (ordinarios y extraordinarios), junto con la posible pensión de alimentos.
II. Las cuestiones accesorias (o secundarias):
Se refieren a aspectos más operativos y detallados, como el régimen de estancias y visitas en días ordinarios; los periodos vacacionales, festivos, cumpleaños y otros días señalados; los horarios de entrega y recogida de los hijos; la comunicación entre progenitores y con los hijos, etc.
En la práctica, las cuestiones accesorias rara vez bloquean la negociación de las principales, pero sí ocurre lo contrario, pues las cuestiones principales pueden abrir o cerrar la puerta a cualquier negociación.
Para que la negociación sea fructífera, es imprescindible mostrar una verdadera actitud de negociar, lo que implica estar dispuestos a realizar cesiones razonables. Plantear posiciones inamovibles o exigencias absolutas no es negociar, sino imponer. Del mismo modo, partir de posturas marcadamente egoístas suele conducir al fracaso en la negociación y, puede instrumentalizar a los hijos, sirviéndose de ellos en contra de su interés superior
Los ejemplos más frecuentes de instrumentalización de los hijos para fines personales son reclamar la custodia monoparental únicamente para obtener el uso exclusivo de la vivienda familiar y exigir la custodia compartida con el único objetivo de eliminar o minimizar la pensión de alimentos, cuando la realidad laboral o personal de uno de los progenitores hace inviable una conciliación efectiva con el cuidado diario de los hijos.
Una verdadera negociación debe partir siempre de posiciones realistas, equilibradas y centradas en el interés superior de los hijos menores
Por ejemplo, es preferible reconocer la mayor vulnerabilidad económica de uno de los cónyuges y acordar una pensión compensatoria temporal (sin tocar la custodia), antes que bloquear la custodia compartida por motivos económicos indirectos. También es preferible la venta de la casa y su reparto a llegar a soluciones extremas por su uso durante pocos años, sabiendo que hoy día prima la solución temporal.
En cuanto a la pensión de alimentos, el sentido común impone fijar una cuantía proporcional a los ingresos reales del progenitor que la abona y a las necesidades objetivas de los hijos. Hacer una estimación económica justa requiere elaborar un listado detallado de los gastos actuales y previsibles de los hijos, combinado con la capacidad económica de ambos progenitores.
Es esencial evitar pujas artificiosas al alza o a la baja, pues negociar partiendo de la premisa de pedir mucho o conceder poco para ir moderando posiciones poco a poco, como si estuviéramos en el puesto de una medina, no es de recibo y causa profunda irritación al contrario.
Finalmente, la pensión compensatoria solo procede en los casos en que el divorcio genere un desequilibrio económico relevante para uno de los cónyuges, derivado de la convivencia matrimonial. Por ello solo debe valorarse cuando uno de los cónyuges no trabaja o tiene dificultades serias para incorporarse al mercado laboral (por edad, formación, dedicación previa al hogar, etc.); existe una situación temporal de desempleo o precariedad que requiere un apoyo transitorio para reequilibrar la situación.
En cada proceso de negociación es muy recomendable hacer internamente la siguiente división mental:
- Identificar cuál sería la solución ideal (la mejor opción posible desde tu punto de vista).
- Definir con claridad el punto mínimo o línea roja: el límite por debajo del cual no estás dispuesto a aceptar el acuerdo, pase lo que pase.
Este ejercicio conviene hacerlo en privado (mentalmente o por escrito, pero sin comentarlo), precisamente para no enredarse después en reproches, discusiones emocionales o la típica dialéctica de tira y afloja que suele aparecer en toda negociación.
El objetivo es mantener siempre la claridad interior y procurar que, al final, la decisión que se tome sea la más conveniente posible, primando el bienestar de los hijos como la prioridad principal.
En resumen, negociar bien un convenio no consiste en ganar a toda costa, sino en encontrar soluciones equilibradas, realistas y sostenibles en el tiempo, priorizando siempre el bienestar de los hijos y la viabilidad práctica de los acuerdos alcanzados.