¿Un solo abogado o cada uno el suyo?

La decisión de divorciarse ya está tomada, pero surge una duda importante: ¿Conviene contratar un abogado común para ambos o es mejor que cada uno tenga el suyo propio? Esta elección no es baladí, ya que depende en gran medida de las circunstancias particulares del caso y presenta diferencias y matices relevantes.

A continuación, analizo ambas opciones para ayudarte a decidir cuál se adapta mejor a tu situación, tus expectativas y tus intereses legítimos.

Un solo abogado para ambos:

Cuando habéis llegado a un buen entendimiento y tenéis muy claros los aspectos principales del divorcio (como la custodia de los hijos, el montante de sus gastos, el uso de la vivienda familiar y la liquidación de los bienes), compartir un abogado puede ser una solución práctica, rápida y más económica.

Vuestro abogado común actuará como un mediador imparcial y neutral, os explicará la legislación, lo que opinan los jueces, las cláusulas que pueden considerarse abusivas y propondrá distintas soluciones a puntos conflictivos, desde su experiencia y la práctica judicial, a fin de alcanzar acuerdos equitativos, que protejan todos los intereses en juego.

Sin embargo, tiene unos límites éticos importantes, pues no podrá asesorar individualmente a ninguno en futuros conflictos derivados del divorcio (por ejemplo, una modificación de medidas) si no la volvéis a plantear de forma conjunta.

Además, si en el desarrollo del convenio regulador el abogado detecta diferencias que suponen un enfrentamiento directo difícil de limar, puede recomendaros acudir a la mediación de un profesional independiente o apartarse, en cuyo caso, deberéis buscar cada uno un abogado distinto.

Cada uno su propio abogado:

Si las posturas en un divorcio son opuestas o existen tensiones notables es aconsejable que cada cónyuge contrate su propio abogado. Esto no es el inicio de un procedimiento contencioso, pues los abogados negociarán para tratar de acercar posiciones. Como punto flaco, un proceso con dos abogados puede extenderse más de lo previsto o acabar, sin querer,  enconando a los cónyuges obteniendo un efecto contrario al deseado, dado que, en la negociación, cada abogado tiende a defender los intereses de su cliente sin aplicar demasiada empatía con el otro. Sin embargo, como punto a favor, cada cual podrá conservar su abogado en conflictos posteriores derivados del divorcio preservando los lazos de confianza entablados sin necesidad de partir de cero con un abogado distinto. La ventaja es indiscutible dado que el abogado ya conoce amplia y profundamente el caso.

A veces, las negociaciones entre los abogados son infructuosas siendo aconsejable acudir a una mediación conjunta.

En conclusión, la elección entre un abogado común o uno propio depende del grado de acuerdo y confianza entre los cónyuges. Si existe un entendimiento sólido y voluntad de colaboración, compartir abogado agiliza el proceso, reduce costes y favorece soluciones equilibradas. En cambio, si hay discrepancias significativas o tensiones, lo más prudente es que cada uno cuente con su propio letrado, lo que protege mejor los intereses individuales y facilita la gestión de posibles conflictos futuros, sin renunciar a la posibilidad de alcanzar un acuerdo amistoso mediante negociación o mediación.

NOTA IMPORTANTE: Siguiendo los dictados de la ley vigente, en la actualidad hay que tratar o intentar el acuerdo con carácter previo a la interposición de una demanda contenciosa, pudiendo acudir a cualquier medio de resolución de las controversias.

Mercedes Lara Morales

Abogada de Familia experta en Divorcio, Separación y Patrimonio

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